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Sin párpados
Raquel Serrano








Yo no veo ninguna diferencia entre las ocas y las imágenes. ¿Se trata de atraparlas? Una oca atrapada ya no es una oca, es un ave comestible y domesticable a voluntad, a riesgo de perder su aspecto y su vigor. Es frecuente que se las engorde, aunque sea atracándolas con comida a la fuerza. El-hombre-que-somos-nosotros tiene una costumbre muy antigua de esta práctica que es la tortura. No hay ninguna razón para creer que las imágenes estén exentas de esta práctica que atavía a la especie domesticada con características que conocemos bien por haberlas visto en los animales familiares. […] Dicho esto, es cierto que las imágenes están encargadas de ser significativas, encargadas es poco, sobrecargadas, atiborradas de significación, y entonces se arrastran, henchidas de sentido, preñadas de símbolo, saturadas de las intenciones groseramente alusivas que pasan, como suele decirse, por la pantalla. Llegan a ponerse enfermas, cosa de la que cada cual se alegra por adelantado. Si por el cielo pasa un vuelo de ocas salvajes, las ocas que se arrastran baten las alas y alargan el cuello, desesperadamente, presas de un frenesí fugaz.

De camino a la imagen, Fernand Deligny


El trabajo de Raquel Serrano se acerca a las imágenes desde el mimo, una relación de cuidados que intenta que la imagen exista por si misma, fuera de un sistema de circulación donde la representación visual es capital.

En su exposición en MAL, muestra un papel de gran tamaño donde se ha transferido una misma imagen una y otra vez, repitiéndola hasta hacerla ilegible. Esta pieza, como un gran ojo mecánico sin lágrimas, controla el espacio desde el centro de la sala. En un margen, ordenadas reticularmente, se muestran las transparencias, donde la imagen -ya desvaída, cegada- es objeto: el resto material del proceso mecánico de la transferencia, de la multiplicación de lo visible.

Las imágenes opacas son testimonios de un proceso, están fuera de los juegos de mimesis o documentación de la realidad. Un proceso mecánico y antirromántico que Serrano aborda como respuesta a la maquinaria de producción visual contemporánea, donde la imagen aparece como espectáculo, como sustituto de la realidad; aparece hiperreal.

A través de piezas que confunden procesos digitales y analógicos, su trabajo “acaricia” la imagen, despojándola de significado para que solo refleje las tecnologías que la producen y su diálogo con ojos cansados que piden párpado. La única forma que tiene una imagen para “descansar”, para cerrar los ojos, dejar de hablar, es hacerlo en exceso, abrumar y agotarse a si misma. Raquel Serrano ofrece momentos para que la imagen se agote, y al devenir solamente objeto podamos aprender otras formas de mirar.